Morirse esperando

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Julio Ruelas. Esperanza.

La espera contiene el presente (es), el pasado (era) y el futuro (será: [e]s[p]era); es desear con todos los tiempos. No hay espera sin esperanza, del mismo modo que no hay esperanza sin espera. En ella hay siempre hay otro: lo que me será dado o negado por el otro (con tiempo, por el tiempo). En la literatura, el que espera es siempre virtuoso, se ejercita en la paciencia. De ahí que el antónimo del paciente sea el desesperado (el que es incapaz de dar tiempo a las cosas para que sucedan). La espera se alimenta del tiempo del esperanzado (de su deseo). En la poesía amorosa el amante está lleno de esperanza; el amado de espera, es lo esperado. La aventura del viaje no tiene sentido sin que el héroe sea esperado, sin que cumpla con la esperanza de quien lo ama. La literatura está hecha de la espera, para la espera. En algunas técnicas orientales de combate la espera es fundamental para conocer al adversario, es un tiempo para observar pasivamente sus movimientos y luego atacarlo o responder al ataque. Dice Rodrigo Fresán en su novela Mantra que en el amor uno pregunta y el otro responde: el que pregunta espera la respuesta. Uno se muere esperando, deseando en todos los tiempos; la espera es el lapso de tiempo que hay entre la concepción del deseo y su cumplimiento. 

 

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