Colisión

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Las relaciones son accidentes, no siempre felices. Al final, como quien ha perdido el control del auto y se aproxima a una carambola, vemos pasar nuestra vida por delante de nosotros sin saber si sobreviviremos a la colisión. Para cuando recuperamos la consciencia, y el efecto de la adrenalina ha pasado, tenemos un hueso roto, nos falta una pierna o vemos las marcas de nuevas cicatrices que iremos reconociendo como parte de nosotros con el tiempo. Hay siempre un antes y un después de ellas, una personalidad distinta de cada lado. Pues han partido el tiempo (el nuestro) en dos. Luego, vendrá probablemente el olvido, el dolor fantasma de un miembro fantasma; el destello de la cicatriz, pero también la calma de sabernos vivos, de haber visto la muerte de cerca y no haber muerto, de habernos salvado, aunque hayamos muerto en el otro, aunque seamos el  miembro amputado, la cicatriz o dolor fantasma de un miembro fantasma; el recuerdo de una colisión. 

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