Fotografía

Sólo si fuese divina,
podríamos perforar su carne
con un clavo, en la pared
abrir con la pequeña lanza
una herida en su costado, clavar
la espina en las alturas.
Sólo si fuese eterna, decía
mi abuela, nos permitiría
usar los muros de la casa
para colgar una fotografía;
porque nadie más soportaría
tal castigo: pender en lo alto
de un clavo, mantener
el rostro a la intemperie,
ser mirado hasta el hartazgo.

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