Atlántico

Con seguridad de fugitivo crucé
el océano; no es nada, me dije,
y seguí mirando afuera las nubes.
En los aviones, todos al cansancio
se reponen por fe en el futuro.

Pero más de diez horas de vuelo
y el cinturón abrochado te obligan
a vacilar al volver a pisar la tierra.

Para cuando las puertas eléctricas
se abrieron de un instante a otro
me vi como una de esas maletas
girando en las bandas de equipaje.

Y juro que quise quedarme y era
tarde: la metáfora estaba hecha.

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