Obra negra

Huimos de esa casa a una casa
en obra negra. Comenzó otra vida
con la mudanza, aunque cambiar
los muebles de lugar no aseguró
nunca la renuncia a la violencia.

La mirada de la madre de mi madre
decía que la mía era una presencia
a la que no deseaba acostumbrarse.

Un niño puede verlo todo, incluso
las miradas que te hacen sentir
lo mismo extranjera que bastarda.

Yo aprendí a mirar del mismo modo,
de tanto repelerla. La sangre reproduce
el apellido, la enfermedad y el odio.

De ella nos escondíamos tras la puerta.
En sus ojos más que dolor había coraje.
Era negra, pero nunca fue esclava
de ningún hombre ni de ser madre.

Mi condena fue tener el mismo apodo,
ser llamada por el color de su raza,
que me dijeran “eres igualita a ella”.

Desde chica desprecié su herencia.
Quise arrancarme o mudar de piel,
la mía me llenaba de vergüenza.

Ese deseo aún no se ha ido del todo,
ahora me blanqueo la piel en las fotos
y el fantasma de la vieja viene a reírse:
¿quién ejerce contra quién el odio?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s