Sello

Fuiste al matadero anoche,
había lámparas neón, luces de colores
y hombres en la pista fingiendo
bailar para poder golpearse
o tocarse sin hacerlo evidente
o sin llegar a lastimarse demasiado
o estarlo sugiriendo o provocando
(el tacto es siempre una provocación).

El sudor de todos se condensó
hasta abrir una gotera en el techo;
de nada valió intentar mantenerse al margen
donde no hay márgenes y en la puerta te quitan
el espacio personal como una botella de agua.

Allí ya no eres cuerpo, eres masa, y tu nombre
es el del sello que marcó en tu muñeca
indiferente el cadenero en la entrada.

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