Birthmark

De esto se ha dicho mucho:
del olor que desprende cada cuerpo
al sudar al lado de otro,
de los aromas que se mezclan
en las sábanas y en la cocina;

de cómo crees que puedes
ir de un tiempo a otro tiempo;
ir hasta al grano, a la especia
y a la tierra en que fue sembrada.

De cómo se concilian naciones
desde la mesa y se detienen
guerras desde la cama.

Quiero escribir sobre lo mismo:
sobre cómo toco y pruebo
tu sudor para saber si estás listo,
o en punto, para oler el grano
y saber de qué tierra fuiste traído
y hacia dónde me estás llevando,

como si el olfato fuera el único
sentido capaz de hacernos volver
a aquel lugar del que alguna vez,
como mercancías, fuimos exportados.

 

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