El llanto de un conejo no se olvida nunca

Elegían a los maduros y los enfermos
cada que las jaulas no eran suficientes.
Metían a cerca de veinte en costales
y uno a uno los mataban de un golpe.

Pocas veces como ésas abundaba así
la carne, no sólo en los corrales,
sino en el refrigerador y la mesa,
pero sólo algunos de nosotros comían.

Pues:

  1. Históricamente recibimos la abundancia con tristeza.
  2. Ya entonces la relación afectiva con los animales,
    nos hacía cuestionar la naturaleza violenta del hambre.

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