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Oxígeno

Algo había en el fuego que sedaba su ánimo. Era la seguridad de que al iniciarlo se había vencido un día más al hambre y la costumbre de liberar la rabia haciendo arder los leños hasta la ceniza. Prometeo lo robó para ti, dije, pero ella no creyó nunca en la generosidad de los hombres. Cuando el enfisema le prohibió usar aquella estufa, concentró en el tabaco su piromanía. Algo había en el fuego que si se lo llevaba a la boca y escupía con placer el humo, los gritos dejaban de ser su lenguaje. Prometeo lo robó para mí, habrá resuelto el día en que al detectarle el cáncer la condenaron a no volver a encender un cigarro. Entonces buscaba a diario algún cómplice que robara otra vez el fuego, sin importar que fuese ella misma quien, después de arrancarse la máscara de oxígeno para calar nuevamente el humo, recibiera el castigo de ser picoteada por un dolor más bravo que las águilas.

*

Diagnóstico

Protegido por su bata blanquísima, el médico me ausculta: pregunta cómo es mi dolor, hace cuánto lo siento y si hay en mi familia antecedentes de enfermedades hereditarias dos generaciones antes que la mía. A lo primero contesto que es un ardor que se presenta de forma intermitente en la boca del estómago desde hace un par de días; a lo otro, que el cáncer ha matado a las mujeres de mi familia. Tras la revisión anota con trazos decididos mi nombre, mi edad y sus conclusiones. Al salir del consultorio e intentar descifrar su letra pienso que es una ironía que la facilidad para interpretar los signos y la preocupación por el padecimiento hayan convertido en poetas a varios médicos, quienes de la profesión al oficio supieron que el diagnóstico debe considerar al dolor como una antropología más allá del cuerpo.

 *

El llanto de un conejo no se olvida nunca

El hombre vino a sacrificar,
como lo hacía cada temporada,
a los que ya no podíamos mantener.

Mientras lo desollaban,
uno despertó de la muerte
lanzando un chillido que penetró
eternamente en nosotros.

Contaremos esta historia
por generaciones: hijo,
deja de llamar ‘cangrejo’ al cáncer,
esa enfermedad tiene el poder
de un conejo, es incontrolable
cuando se reproduce.

Acepta tu sangre y sus maldiciones,
y si te llega la hora,
agacha la cabeza, descúbrete la nuca
e igual que lo hicieron para alimentarte
estos míticos animales
–ruega porque sea el único–,
recibe con dignidad el golpe.

 

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