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Ojos, Tramuntana EditorialOjos

No sabemos cuánto es capaz de hacer un sentido por nosotros hasta que se emancipa. Éste es el ejercicio que realiza la escritora polaca Iwona Chmielewska (1960) en su álbum ilustrado Ojos: separa a este par por un rato del cuerpo para enumerar sus funciones, con el fin de recordarnos lo importantes que son en las tareas más complejas y las más elementales que realizamos a diario.

 

 

Rula busca su lugar

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¿Puede estar una emoción que alguna vez estuvo en el corazón en la cabeza? ¿Puede ir un pensamiento hacia el corazón? ¿Puede ir el corazón hacia la mano? ¿Puede latir la mano? ¿Pueden sentir los pies lo que siente el cuero cabelludo? ¿Pueden los pies encargarle sus sentimientos y su peso a los zapatos? ¿Pueden los zapatos transportar esos sentimientos a otros pies, si es que son otros quienes se los ponen? ¿Pueden los zapatos buscarse un camino propio, por separado? ¿Puede romperse una regla y comenzar así un nuevo orden en el mundo, al menos para alguien?

 

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Narra en primera persona la historia de unos zapatos que nacieron para estar juntos, que corrían, bailaban y hasta dormían el uno al lado del otro, pero que se ven separados por un acontecimiento. Es así que ambos emprenden un viaje forzado que los lleva hacia sitios distintos: mientras que uno no corre con tanta suerte, el otro puede recuperar su función en otro cuerpo, en otro lugar del mundo.

 

 

La cosa perdida

978-84-93398-05-5_La_cosa_perdida-cover.jpgEl artista australiano Shaun Tan (1974) en el álbum ilustrado La cosa perdida (Barbara Fiore, 2005) recupera la historia de un personaje observador que mientras trabaja en su colección de corcholatas encuentra en la playa a un objeto perdido, pero este objeto no es como otros objetos (o tal vez sí) puesto que tiene vida. El protagonista quiere ayudar a “la cosa” a encontrar su casa, y mientras lo hace la lleva a la suya y busca ayuda, pero nadie sabe exactamente qué hacer con ella: desconocen su origen y no les interesa. Algunos de los que lo aconsejan le dan soluciones fáciles: llevarla a un sitio donde hay otras cosas perdidas, pero es obvio que no es ahí a donde pertenece.

 

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Entre monstruos

Así, no son los adultos quienes les cuentan acerca de los monstruos a los niños; son los niños quienes nos cuentan de sus monstruos: de sus amenazas y sus debilidades, o de cómo son estas debilidades las que los hacen convertirse en una amenaza y ser esos en quienes se tornan cuando algún factor externo los toca; pero también de las emociones que sienten hacia ellos y hacia esos otros que son en tanto no se han transformado. 

 

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