Frágil

Al fondo del cajón
de la esquina
del mueble que no abre
nadie nunca,
envueltos como algo
demasiado frágil
guarda los cuchillos
y se hace la sorda
cuando oye el agudo
silbido del afilador.

Antes de mostrarnos
su existencia, nos hizo
examinar las frutas,
nos enseñó a usar la uña
(recortada siempre a ras)
para quitar las cáscaras,
y que los labios fueron
primero que los dientes,

(será así que el amante
te hará sentir mamífero).

Acostúmbrate
a las manos vacías:
Dios mojó de nuevo el barro
cuando quiso quitarle
a Adán una costilla;
ninguna piedra, hueso,
punta o metal hizo falta,
y aquí tampoco lo hace.

Ella conoce la naturaleza
humana más que nosotros,
por eso aún mantiene lejos
aquello que podría herirnos.

Con las manos dispuestas
me siento siempre a la mesa.
Ahí verán, si la comparten,
que nunca soy más torpe
que cuando debo sostener
—por protocolo—
un cuchillo con firmeza.

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