Ciclo

Daría más importancia a la sangre,
pero me lo explicaron brevemente:
Vas a sangrar y no debe doler tanto.

Aquella primera mancha, por suerte,
vino con instrucciones muy precisas.

No hubo fiestas ni señales de alarma,
apenas otras manchas fuera de sitio
algunas veces y dolores intermitentes.

En cambio, otras lloraban en los baños
entumecidas por los cólicos, aterradas
de lo irregulares que eran sus ciclos.

Aprendí pronto a llevar dos calendarios:
mi cuerpo es muy puntual en sus procesos,
un reloj que nunca ha necesitado cuerda.

Sin embargo, últimamente algo duele,
como un foco de ambulancia que no gira
ni hace ruido ni estorba a los durmientes.

Creo que algo tiene que ver con la sangre,
o con un ciclo que todavía no he cerrado:
el de un hombre que vino y me pisó la matriz,
porque tú eres muy fuerte y vas a recuperarte.

Esta parte de mi vida ya algunos la saben:
siempre he sido muy compasiva con los cerdos;

y sigo funcionando, igual que una manecilla
que es empujada por el tiempo hacia adelante.

Aun así sé que esa molestia se apagará algún día:
y dará también de vueltas hasta devolver al inodoro
aquella transparencia propia del agua limpia.

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