Tambaque

Por donde alguna vez hubo un río
llegamos hasta otro; descendimos
por caminos distintos hasta su cauce.

Nos sentamos juntos en una roca
marrón, cetácea, de lomo resbaladizo.

La corriente arrastraba nuestros pies
purificándolos de aquella caminata,
como eran en principio los bautizmos.

Nuestra sangre comenzó a correr a otro
ritmo, y ante la prisa del río, emulamos
a las piedras, que ayudadas por el agua
cantaban a coro una lengua secreta.

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