Gestos

Observé mientras mi madre dormía
su rostro, sin pudor y sin consciencia,
como cuando era niña e intentaba,
a falta de expresiones que fueran mías,
aprehender sus gestos para imitarlos.

Repasé las arrugas y las manchas
que había en su suéter y sus manos,
el relieve que las venas abultadas
prodigaban a la piel del dorso.

Detrás de la carroza avanzábamos
sentadas en un autobús hacia un funeral.
Ella apoyaba su cabeza en el paisaje
y yo apoyaba la mía en su hombro.

Sobre las tumbas el viento hacia girar
los rehiletes y los rayos del sol caían
sobre ellos como por escamas de peces.

Cuando estuvimos frente a la fosa
con unos cuantos encorvados,
que sienten cerca sus propios funerales,
mi madre dio unos pasos hacia atrás.

Al verla imaginé que había permanecido
largo tiempo en una tina (bajo el agua),
pero que pronto las arrugas cederían.

Imaginé que eso imaginó ella
al retroceder porque todavía
:::::::::::::  :::es pronto, todavía.

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