Venganza

Lo volvieron todo cemento
para que nadie olvide que descansará
no en la tierra sino entre paredes.
Aun así el peso de los camiones rompía
la carretera. Quedaban entonces
algunas piedras ligeras y pequeñas,
que cabían perfectamente en los popotes:
el objetivo de las municiones era el cuello
del de enfrente, del que no tuviera ojos
en la espalda. Bastaba un soplo:
éramos los cupidos de una venganza
que las lagartijas y las aves miraban
complacidas desde los cables y las bardas.

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