Cirugía

I. La dentadura de mi padre

es una aureola. La luz arde
en mi mejilla. Se dibujan una
a una las cuentas, se acunan
las letras de un alfabeto íntimo.

II. Quiero conservar los huesos

que me muestras; que la muerte,
como un niño, los guarde debajo
de mi almohada y regrese luego
a cobrar su cuota:

para no olvidar nunca la alegría,
para no olvidar nunca el hambre,
para no olvidar nunca la rabia,
para recordarte siempre, padre.

III. Tenemos contados los dientes

y los días, una vez perdidos
es imposible recuperarlos.

IV. Tú insistes

en recuperar lo perdido.
Haces que la risa y el habla
recuperen su contenido.

V. Arrancas las raíces

como si fuesen astillas.

Lo podrido duele,
pero al dolor otro dolor
más breve lo cura.

VI. Además de los dientes

tienes contadas las sonrisas
hace meses, comes poco,
perdiste el hambre. Te he visto
apretar la mandíbula
y enjaular en el silencio
la enfermedad y la rabia.

Quiero recuperar las piezas
que has perdido:

¿Qué has perdido?

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