Pulsión

Heredarán la tierra

Los domingos arrancábamos la yerba,
distinguiendo la buena de la mala. Él,
con la mano sobre las hojas con plaga,
dijo: “Si alguien te hace daño, mátalo”.

Al recordar su consejo, años más tarde,
entendería el deseo por la muerte del padre.

 

*

Deseo

Sentiría pena de haber deseado su muerte,
si ese deseo no hubiese sido ajeno a mí.

Hubo un tiempo en que yo misma deseaba
morirme, o la rabia necesaria para matarme.

Escribir esto con ganas de vivir es fácil.
Decir “quiero vivir” mientras te estás muriendo es fácil.

Ambos deseos pasan por la mente de todos.
Unos matan y otros reviven simbólicamente.

Sé, por ejemplo, que para ti estoy muerta,
que mi voz es ya solo un recuerdo
y no una vibración alrededor de tu cuerpo.

Que hay sitios en los que ese dolor ya pasó,
que ardí ante ti hasta quedarme sin forma.

Sería incapaz de juzgar a nadie ahora.

Sé que cuando alguien no tiene valor para destruirse,
se entrega a alguien que pueda hacerlo.

El mito nos ha hecho desear ser víctimas:
las multitudes aman los sacrificios.

Alguien siempre se alegra con tu muerte,
es el deseo consumado de tu enemigo.

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