Grupal Crew Collective, tres veces un colectivo poliamor


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Grupal Crew Collective. Foto: Matadero Madrid.

Coincidí con Rubén Coll durante una temporada que pasé en España a finales de 2016. Para ese entonces, a principios de noviembre, se estaba cocinando Rosa-Mientos, una fiesta de reggaetón en La Imperdible, una sala de baile en el centro de Madrid. Cuando Rubén me invitó al evento, tuve una enorme curiosidad por ver cómo se perreaba de del otro lado del charco. El día de la fiesta, donde el mismo Rubén pinchó junto a Massimiliano Casu, pude ver que, como se podrá leer casi al final de esta entrevista, existe una desconfianza con respecto al género y con respecto a quienes convocan a eventos donde el reggaetón y el perreo protagonizan la fiesta; o donde la protagonista es la fiesta misma. Antes de volver a México, platiqué con Rubén y Massi acerca de Rosa-Mientos y en torno a los proyectos que desarrollan a nombre de Grupal Crew Collective, en el que trabajan juntos. Ésta es una transcripción de lo que platicamos hace un par de meses al calor de unas cañitas en Lavapiés (ya ellos me disculparán por tropicalizarles algunas expresiones) y muy ad hoc ahora que se viene su sesión de Perreo Libre.

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¿Qué es Grupal Crew Collective?

Rubén: Eso que lo diga Massi, que yo llegué después. Es una plataforma abierta.

Massi: Es un intento por reunir lo bueno del colectivo y lo bueno de formas más promiscuas. Cuando se montó todos veníamos de experiencias un poco asfixiantes de colectivos que funcionaban como una familia o una banda de rock. Entonces intentamos inventarnos un formato que fuera más cercano a una plataforma de trabajo donde no exista este compromiso de las reuniones, de pactarlo todo, de tener consenso; porque mi experiencia con los colectivos es que si te tienes que reunir un lunes, pese a todo tienes que reunirte y debes tener consenso sobre las cuestiones. El intento era que fuese un espacio donde las personas puedan trabajar y las reglas fuesen del tipo: yo puedo desarrollar un proyecto a nombre del colectivo sin llamarlos, o sea, lo puedo hacer yo solo, o puedo hacer un proyecto dentro del colectivo llamando sólo a Rubén, porque me viene bien él, o podemos hacer un trabajo todos juntos y no firmarlo como colectivo. Tener ese tipo de trueque que no sea un compromiso…, una especie de pareja abierta.

R: Colectivo poliamor.

M: Es una estructura que todavía no hemos puesto a prueba con los lados problemáticos que podrían surgir. Probablemente es una idea naif, ingenua y que fallará. Pero también tratándolo como agencia donde siempre aparecen los nombres de las personas, siempre aparecen un poco los créditos, creo que estamos haciendo también una cosa que pesa poco. Creo que Grupal lo podríamos cerrar mañana y no perder tanto capital… Esto es un poco la idea de hacer otra cosa. De hecho por eso se llama Grupal Crew Collective, porque era la idea de un nombre redundante sobre la apertura…

R: Es tres veces lo mismo.

¿Quién inició el proyecto?

M: Ya no está la persona que lo ha fundado, que es Mauro. De hecho nació de una manera muy tonta, si quieres. Porque salía una convocatoria y la primera formación de Grupal era una formación de colectivo de producción musical, un poco expandida. Y lo fundó un núcleo que organizó Mauro, en el que estaba yo, y estaba Ruslan Slatin, y un mc chileno. Para mí personalmente era un proyecto de tiempo libre para hacer música con colegas. Y luego ocurrió que un poco después de fundarlo, yo abandoné el colectivo en el que trabajaba y le eché un poco más de tiempo a Grupal, ampliando el espectro de las cosas en las que se puede ocupar, enfocado más a las cuestiones de arte público y participación. Y de alguna manera el colectivo tomó ese rumbo.

¿Cuándo empezaron?

M: Estuvimos fundamentalmente Mauro y yo y gente que colaboraba en proyectos puntuales durante un año. Empezamos en agosto de 2013, o sea, a hacer acciones, porque el proyecto existía desde un año antes. Luego, Mauro vivía entre España y Colombia y se pidió como una especie de excelencia, con la crisis el chileno se volvió a Chile y al ruso le comenzó a ir muy bien y se iba a Los Ángeles a grabar; y yo estaba un poco solo, así que llamé a Rubén, que era de los amigos del colectivo, y aquí estamos.

R: Yo llegué a finales de 2014.

M: Ahora, es un poco una lástima que estemos dos personas en este momento porque tenemos un perfil muy cercano, entonces tiene un rumbo muy claro vinculado a nuestros intereses.

¿Y cuál es ese rumbo?

M: Para simplificarlo hablaría de arte público, trabajar con música y fiesta; una especie de trabajo, de performance colectiva que usa música y fiesta y se enmarca dentro de los discursos de arte público. Ésa sería la definición. De hecho, cuando se fundó yo acababa de conocer un colectivo de Brasil, que era el Frente 3 de Fevereiro, un colectivo súper amplio que tenía artistas visuales, una banda dentro, un dj, una pandilla activista y con la misma firma te podían hacer lo mismo un disco que una exposición de arte visual. Y me parecía un contexto muy interesante en el cual trabajar, ya que cada uno podía aportar una cosa distinta.

¿Y qué están haciendo ahora que son sólo ustedes dos?

M: Esto no lo debería decir porque trae mala suerte, estamos en la fase de la transición, de las primeras fases de los proyectos en las que tienes que meterte en cualquier convocatoria, ir buscando, ser enormemente proactivo al momento en el que el proyecto fluye y ya te haces una agenda de proyectos interesantes a raíz de que te llaman. Si va bien, estamos transitando de la primera a la segunda.

R: De todas maneras, el problema que tenemos nosotros es que hablamos de arte público, de creación fuera de los circuitos tradicionales del arte. Pues, claro, planteas esto de la fiesta, la cuestión de los dj’s, todo este tipo de “subculturas”; y yo creo que la gente no lo entiende y eso te hace estar fuera, porque de alguna manera dices “vamos a hacer una fiesta” y la gente se piensa que vas a estar poniendo temas con una lista de reproducción en iTunes y ya está. Y no va así.

M: Aunque yo pienso que hay gente que cada vez más lo entiende. Bueno, hace tres años, en los primeros discursos que hablaban de arte público y así, la gente sí decía “¿pero qué coño estás haciendo?”. No sabes cuánta gente…, y todavía me pasa que me lo digan, pero cuánta gente te monta “ah, la fiesta; ah, anda, que a ti te gusta la fiesta”…

R: Voy a soltar una boutade, pero si tú dices que vas a montar una instalación de estas que no valen (risas) un pimiento y un discurso así medio sesudo y tal, que haya recogido lo que está de moda en el ámbito de la academia, que en España ya lleva como diez años de retraso con lo que está pasando fuera, y venga, éste es un artista. Pero si dices que vas a montar una fiesta…

M: Y luego es simplemente que no hemos tenido espacios para contarlo bien. Hemos tenido un poco que luchar para entrar en el discurso, porque, en cuanto te haces un poco de bibliografía y buscas las reflexiones reales sobre las conexiones entre ciertas prácticas artísticas y la fiesta, hay una enormidad de conexiones, desde que el arte se ha puesto a buscar las rupturas con la figura del artista, de la dualidad entre artista y público, de la obra como objeto y dirigiéndola al proceso, la ruptura del escenario, todos estos elementos confluyen, incluso en la literatura. Es sugerir que la gente haga esta conexión.

R: Y yo creo que hay más prejuicios dentro del mundo del arte que dentro de los propios públicos.

M: Porque el público no te juzga según el tipo de reflexión que estás proponiendo, por lo menos buena parte del público.

¿Qué proyectos han desarrollado?

M: Hemos intentado hacer performance colectivas en el formato fiesta: desde el rol de creadores o de comisarios, hacerlas nosotros o encargarlas o encontrar gente que las hiciera; como en algunas ramas de experimentación más bien curadas a la creación musical y sonora, con algunas líneas como la idea de romper las barreras técnicas que impiden o que dificultan la producción cultural por parte de cualquier persona. Los proyectos a los que hemos dedicado más tiempo o al que le ha ido mejor es un proyecto documental fundamentalmente, cuyo producto son discos y los objetos son elepés. Tenemos un estudio de grabación que cabe en una mochila y vamos de ciudad en ciudad y dirigimos una convocatoria a quien quiera grabar una canción en una sesión de tres horas y a través de la suma de esas canciones intentamos hacer como una fotografía de un lugar en un momento, de expresar a través de su identidad musical, tanto la real como la que proyecta. Es un proyecto que hemos desarrollado en seis o siete países y ya vamos por el disco número diez, pero éste es un proyecto que tiene que ver más estrictamente con con la música.

¿Cómo se llama ese proyecto?

M: Demos

R: Una de las bases de Demos es “como la música nos relata”, cómo nos relacionamos con la música o a partir de la música, a través de la música. 

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Demos. Foto: GCC.

M: El lema del primero, que a mí me gusta mucho, era “cómo nos relatamos a través de la música y cómo la música nos delata”. 

R: La cuestión es que ése sí que es un común denominador del resto de los proyectos, porque siempre trabajamos con la música y la música entendida más allá de ese “buen gusto”, que yo creo que es también algo contra lo que siempre estamos en guerra; pues así se convierte en una posibilidad de relaciones con la gente. Trabajamos sobre distintos géneros musicales, distintas “subculturas”, que es un término que no me gusta mucho, pero cómo eso puede convertirse en una articulador de una comunidad sonora. Y a partir de ahí hay unas geografías, hay una manera de relacionarse a partir de la música, que pone en relación los cuerpos, que también es otra manera de acercarse a esta forma de creación colectiva y de socialización, que va más allá de lo puramente discursivo. Va directamente a otro tipo de planteamiento a la hora de convocar a la gente.

M: Yo creo que en esta articulación de la que Rubén habla es donde se nota su influencia en el proyecto, porque, por ejemplo, en los primeros años de Grupal yo venía de la arquitectura participativa y estaba muy obsesionado con un esquema súper sencillo, que era romper barreras de acceso a la producción cultural. De ahí viene el Dj’s Do It Your Set, que es esa fiesta en la que hacemos que pueda pinchar cualquiera, Demos, y también está el Zaa Soundsystem que celebra tres años ahora, y es uno de los proyectos más bonitos que hemos pensado y no salió.

¿Qué es Zaa Soundsystem?

M: La historia fue que en noviembre de 2013 el Ayuntamiento de Madrid venía de un cierto recorrido de intervenciones sobre la libertad de emitir sonido en el espacio público, sobre todo en el centro. Habían definido zonas de protección acústica especial donde no se podía emitir sonido con altavoces, toda una serie de restricciones bastante importantes cuyo fin político era fundamentalmente transformar la ciudad y ciertos barrios de la ciudad facilitando ciertos procesos de gentrificación, o procesos de control social, a través del sonido, de control de sonido, que es una herramienta con la que es muy fácil trabajar en términos de represión de ciertas prácticas. Y sobre todo que no te vas a ensuciar las manos, tipo cuando han querido expulsar a la comunidad latina de un barrio del norte, ha sido suficiente declarar la zona de protección acústica especial. Entonces no tengo que declarar una ley antilatinos, es suficiente con que haga una ley antisonido.

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Sesiones callejeras de Zaa Soundsystem. Foto: GCC.

Pero, bueno, se venía de eso y el momento culminante fue una nueva ley que regulaba el permiso de hacer música en la calle, para los músicos de calle, haciendo que fuese ilegal la actuación de cualquier músico, a menos que tuviese un carnet que el Ayuntamiento entrega. En la primera edición, un carnet que te entregaban teniendo que hacer un casting. Entonces eso nos pareció demasiado y quisimos intervenir sobre esto. Le dimos un poco de vueltas y pensamos en una especie de estrategia de arte activista de guerrilla y cruzado con una especie de imaginario desbordado.

Teníamos que colar el mensaje de protesta en un momento de baile.

Hicimos una canción de protesta, que era simplemente una versión de Give Me Hope, Jo’anna  que es un tema muy de baile, muy de fiesta, pero que es una canción sobre el apartheid en Sudáfrica, y nos parecía un ejemplo perfecto de canción de protesta para bailar y con un tono muy alegre y además con una coincidencia porque en ese entonces la alcaldesa de Madrid se llamaba Ana Botella, entonces transformamos Johana, que era Johannesburg en Oh Ana, hicimos la letra y compusimos el tema. El objetivo era, imaginándonos un mundo en el que ya no te puedes expresar en la calle, ya que tienes que pasar el casting, no puedes hacer música en la calle, no tenemos posibilidad ni siquiera de protestar porque han ilegalizado ese tipo de prácticas. Es como si estuviéramos bajo una dictadura casi distópica que controla todo, teníamos que colar el mensaje de protesta en un momento de baile. Entonces invitamos a todos los grupos1424401_413328165460962_470379691_n de amigos, a todos los amigos que tenían bandas o que producían música a hacer versiones de esta canción de protesta, de manera que en sus directos o en sus discos o en sus soundclouds empezasen a publicar este tema sin que hubiese nada explícito. Simplemente que la gente comenzara a darse cuenta de que sonaba al otro tema, y que se enterase porque era bastante explícito sobre la alcaldesa. Ahí está el fracaso porque tuvimos cuatro o cinco versiones, no logró viralizarse como nos habría gustado. Luego, al margen de esto hacíamos unas sesiones en la calle, íbamos a pinchar en la calle con cascos, y lo hacíamos por Huertas, o sea, por el barrio turístico. Porque otra de las ficciones era que estábamos en el régimen de tal dictadura que teníamos que pedir ayuda a los ingleses borrachos de por ahí, casi como si fuese Amnistía Internacional, pero lo teníamos que hacer a escondidas. Entonces pinchábamos música y ellos venían a bailar y cada que se ponían los cascos, pasábamos a la canción de protesta y metíamos el mensaje. Bueno, si hubiese salido…, pero lo pasamos muy bien. Y esta ambición de hacer proyectos tan sin paracaídas es parte del espíritu.

R: Básicamente todo sería trabajar sobre la idea de fiesta que de alguna manera va ligada a establecer unas condiciones en las que se desarrolla algo que nunca sabemos cómo va a terminar y en el momento en el que hay un desbordamiento eso es lo interesante, es ahí donde ves las cosas. Tú puedes ser programador de conciertos, de dj’s y sabes que si programas un dj equis venido de equis sitio a las 8 de la noche y acaba a las 10, es de 8 a 10, puede ir bien, puede ir mal. La gente se la puede pasar bien, la gente se puede ir a tomar cervezas. Y creo que por lo menos en lo que estuvimos desarrollando nosotros en la Plaza de verano, que ha sido 2014, 2015 y 2016, cada noche en la que se programaba a un colectivo o a una serie de artistas, era eso, que se establecen las condiciones de que algo va a pasar y no se sabe realmente, porque se va a crear una especie no de confrontación sino de realidades bastante distintas, de los colectivos que montan su fiesta y de gente que pasa por ahí.

Entonces es invitar a que la gente salga de su hermetismo, invitar a que la gente se quite sus prejuicios y ver qué pasa.

Y yo creo que el resultado de eso, donde mejor se vio fue en los Dance Clash y en los Dj’s Do It Your Set también, que era cargarte la idea de los dj’s súper estrella, cargarte la idea del buen gusto, de que tienes que tener una serie de talento para que estés en la consola y la gente se divierta, y plantear que en una fiesta todos pueden intercambiarse los roles como pasaba en las bandas de punk… y hay una rotación. Y luego, por otro lado, en el Dance Clash, el hecho de que crees una fiesta de baile, que podría ser como un concurso de baile, que se apaga en determinado momento, pero la idea y lo que al final hemos conseguido es que haya una masa crítica, una especie de desbordamiento, una especie de energía o fuerza gravitacional a través del sonido y los cuerpos y los afectos y al final hace (chisquido de dedos) ¡pum! Y cuando hace (chisquido de dedos) ¡pum!, realmente se hace autónoma y hay algo que guia a los cuerpos en una dirección y los lleva a donde está el sonido y a donde está la fiesta.

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Dance Clash 2015. Foto: Matadero Madrid.

Y eso es una transformación del espacio, una reivindicación de la calle como espacio público que está atravesado por toda una serie de normativas y regulaciones y que se ponen en cuestión con todo esto. A mí me gusta la idea, por ejemplo, de los Borbetomagus, estos tipos que hacen improvisación y que hacen ruido, y hay un momento en que se está improvisando y se crean una serie de energías que ya cuando llegas al punto de ebullición se te escapa de las manos. Y ahí es eso, es crear el momento en que se te escapa de las manos y tú ya no te tienes que preocupar de nada más porque realmente ya no tienes el control de eso, la gente se ha hecho ya con el control.

¿Cómo funciona Dance Clash?

M: Dance Clash, es simplemente un concurso de baile, pero un concurso de baile que intenta ser algo en el medio entre un concurso de baile y una fiesta normal. Es decir, es una fiesta normal donde los participantes llevan un número. Y la cosa es que para que todos jueguen a paridad de condiciones los géneros son aleatorios. Hay momentos en los que para, sorteamos una bolita…

R: Y la gente gana tres equipos de audio portátil y al final tiene el poder de continuar la fiesta después de nosotros. 

M: Y como es una celebración del baile en la calle, todos los premios sirven para seguir bailando en la calle. Ahí tienes la representación clara de un escenario que se convierte en todo, donde está bailando la gente, donde está pinchando y realmente es una performance colectiva. Pero incluso va más allá, desde que la gente comienza ahora a disfrazarse.

R: Porque en el último Dance Clash la gente iba con el outfit para ir a una fiesta a bailar y eso no pasaba al principio. Es decir, realmente iban vestidos para bailar. 

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Dance Clash 2015. Foto: Matadero Madrid.

M: Es esa especie de obra de arte total, pero que procede desde abajo y que es total porque todo puede confluir y no tiene guiones.

R: Lo que queremos decir es la fiesta tiene consecuencias irreversibles, activa procesos que no tienen marcha atrás, porque en el momento en que estos fiesteros entran en acción, ya están pensando su vida en torno a la fiesta y esto le pasa a mucha gente: cuando escucha canciones ya está pensando en las canciones para la próxima pinchada. Está bailando y está pensando en los bailes que hará en la próxima o en el outfit que va a llevar, en toda una serie de cosas que atraviesan tu cotidianeidad y que le dan sentido a tu cotidianeidad un poco miserable, de ir al trabajo. Y de alguna manera estas fiestas te dan una ilusión por seguir creando y tú no te estás dando cuenta de que estás creando porque está por debajo, pero sí.

La fiesta tiene consecuencias irreversibles, activa procesos que no tienen marcha atrás.

M: También lo que nos interesa es la práctica instituyente de la fiesta, o sea, de qué manera la fiesta puede transformar maneras de vivir, cómo se puede convertir en prácticas habituales que conforman o le dan forma a los espacios.

R: En el Dance Clash del año pasado nos pasó eso. La gente que ganó el premio al altavoz más potente, se montó su propia fiesta, puso su propia música y final se ha hecho con el control de un espacio en concreto para seguir repitiendo de manera cíclica fiestas ahí. Y ha pasado que en sitios donde se han montado fiestas de manera espontánea y sin permiso, de pronto el año siguiente ya ha habido permisos para montar eso. Y es que si has encontrado un sitio que consideras óptimo para las fiestas, ese espacio que tú estás construyendo con la música, con la gente que consigues convocar y que se una, está sentando las bases para que esa realidad se construya. En ese sentido es instituyente, en oposición a lo instituido.

Yo, que vengo de un contexto en que el ruido y la fiesta en la calle son algo tan cotidiano, pienso de entrada en los sonideros, no había reflexionado bien en estos elementos como un tipo de re-apropiación de los espacios públicos.

R: También sucede que estamos fascinados por el otro, que es Latinoamérica y el Caribe. Porque los dos hemos pasado de alguna manera por el Caribe. Y si somos personas fascinadas por la creación musical, llegas ahí y dices “pero ¿qué me han estado contando?” Nos hemos creído la cultura del dj, la cultura del club y todo esto. Y luego te das cuenta de que hay cosas como los sonideros o los sound systems y te caes al suelo. Aunque aquí, a veces, accedemos a eso de una forma que está connotada por cierta forma de distinción y hasta de sofisticación. Por otra parte, tampoco nos entusiasma el rollo “club” porque nos parece que tiene un punto exclusivo, como que ahí va un determinado tipo de gente y se quedan muchos fuera, ya sea por las horas, los precios o porque no necesariamente tienes que conocer a quién se trae; y claro, el hecho de que te encuentres del otro lado del Atlántico fiestas a plena calle donde todos se conocen las canciones, y que luego las pinchas aquí y te dicen “pero qué es esto”; y mientras que allí te dicen “pero bueno, si esto es lo que baila todo el mundo”. De todas formas, lo que nos gustaría es que las fiestas fueran un poco más abiertas y que no se circunscribieran exclusivamente a las salas de conciertos, a los clubs, a las revistas especializadas, porque al fin y al cabo cuando termina una moda para determinado género musical quizá esa escena muera, se pierda y se haga pimienta. Y es una cosa que está en el proyecto.

M: Yo me doy cuenta de que por ejemplo en el DF, la idea de montar una fiesta en la calle suena bastante menos épica con respecto a lo que suena aquí, pero para nosotros es una cancha de lucha.

¿Qué los ha hecho interesarse por el reggaetón?

R: Porque ahí el techno no remueve este tipo de cosas, y que conste que es un género que adoro. Pero cuando la música, que en esta época que está tan desactivada como algo capaz de provocar reacciones, puede crear debates en prensa, puede crear reacciones negativas en gente que se considera progresista, y que además incluye la cuestión del cuerpo y del baile… Y es que en España no se sabe bailar, tenemos unos pudores acojonantes con el tema del baile, no sabemos bailar y tampoco nos atrevemos a bailar. Tenemos un miedo terrible a qué hacer con nuestro cuerpo… Y eso nos interesa investigar.

¿Y a esta fiesta de Rosa-Mientos los invitaron o ustedes convocaron?

R: Rosa-Mientos aparece porque habíamos colaborado en la Plaza de verano con la gente de La Parcería, que es un colectivo que nos interesaba mucho. En la Plaza de verano establecimos una convocatoria que invita a asociaciones o a colectivos a que trabajen sobre la idea de fiesta. Es decir, a que monten su propia fiesta y a que la compartan con gente que no iría a sus fiestas. La Parcería trabaja con la idea de fiesta en la calle y además reivindicando todo el lado cultural de la salsa en el sentido más amplio y de la música afrocaribeña, afrolatina, que en España no se conoce, es decir, vamos a montar fiesta y a compartir cultura. Con Johan colaboramos dos años y vamos a algunas de sus actividades porque, claro, no bailamos… Entonces a Johan, que organiza fiestas de música latina, y había traído a Chocolate Remix, le salió esta oferta en La Imperdible porque a él y a la gente de La Parcería le interesa el reggaetón y darle la vuelta al reggaetón, porque es un género vilipendiado; reivindicarlo por todo el potencial que tiene, porque son veinte años de música… 

No puedes decir que ese género es una puta mierda porque ni siquiera lo conoces.

Y es que lo que conocemos del reggaetón en España es 5%. Todo lo bueno no lo conoces; todas las influencias, no las conoces. Johan trabajaba con esa idea un poco historicista y también reivindicando el potencial de esto y del cuerpo y dijo “¿y si montamos una fiesta de reggaetón?” Y de ahí salió Rosa-Mientos. Y como Mauro también es muy fan y su pareja, Natalia, es una enciclopedia viviente del reggaetón colombiano, pues confluyó la cosa y salió la fiesta. Una fiesta también un poco inusual porque no interpelamos al target habitual de estos géneros musicales.

¿Quién es entonces el target de estas fiestas?

M: Ya tú lo has visto…

Y: Lo que hablé con Johan es que la mayoría de quienes asistieron eran mujeres de entre 20 y 35 años. Él decía que él creía que buena parte de la gente que había llegado había sido por la propaganda en redes.

R: Bueno, La Imperdible es un club LGBT-friendly, así que eso es también parte del rollo.

Y una vez que los invitan a colaboraciones como ésta, y ya que el reggaetón está tan vilipendiado en España, ¿en qué se basan para seleccionar lo que van a pinchar?

R: Pues tocamos las cosas que nos gustan, aunque si hay una letra que nos parece que no es procedente, va fuera. Ésa sí es una cuestión, que sí escuchamos los temas y decimos “mira lo que está diciendo”, y ya desde ahí surgen dudas, porque en el español de ciertos países de Latinoamérica las cosas no quieren decir lo mismo. Yo qué sé, por ejemplo, si la canción dice “la quemé”, pues no es precisamente que le prenda fuego…, ¿sabes? En Panamá significa otra cosa. Bueno, eso, lo de las letras. También cómo suena, que tenga un sonido fino…

M: A mí me gusta privilegiar soundclouders o gente que tiene producciones pequeñas porque me parece que hacen cositas más frescas. Y son los que te hacen el nuevo sonido que luego Pitbull copia. Y ahora lo que me fascina en el reggaetón es la escena de Barcelona y el sello de unos chilenos en Suecia, que me parece un reggaetón muy fino y hacen cosas muy chulas. Esa escena me emociona mucho…

¿Y qué otras fiestas hay próximamente?

M: Nos llamó la Embajada de Italia para ver si nos apetecía montar una fiesta con una cierta identidad italiana. Y es que aquí el compañero… Que también es una oportunidad para hacer una cosa que nos gusta mucho hacer que es meter un discurso en la pinchada.

R: En el pasado estuve muy metido en la música disco italiana. Entonces montábamos fiestas de italodisco: Italex. Y eso, pincharemos italodisco; y lo que sí es que siempre en lo que pinchamos hay cierta narratividad…

Pues, ya está…

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Como esta entrevista fue hecha en diciembre de 2016, esa última fiesta a la que se refieren Massi y Rubén ya pasó, pero el viernes 17 de febrero de 2017 a las 23:00 hrs, horario Madrid, se celebrará una nueva edición de Rosa-Mientos: Perreo Libre en La Imperdible. Pego aquí la invitación con el line up para los que puedan ir. Si quieren darle seguimiento a los perreos en Madrid, por acá hay un grupo. Si quieren saber más del Grupal, pueden darle like a su página de Facebook. Y ya de paso también echarle ojo a lo que están haciendo los de La Parcería.

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Para finalizar no puedo sino darle las gracias a este par por las fiestas y su tiempo y  hospitalidad.

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Rubén Coll
, sin habérselo propuesto, se instaló una temporada en el Caribe. Allí tuvo varias epifanías, entre ellas, ver durante los carnavales a gente de todas las edades bailando en las calles de Trinidad. Al regresar a Madrid se enroló en varios colectivos (Sound Readers, ONTO) y llevó a cabo diversos proyectos (MMA, ¡Volumen!) donde el sonido o la escucha, las más de las veces, se revelaba como el medio más adecuado para generar conocimiento. En 2015, casualidades de la vida, a la vuelta de una nueva estancia por tierras caribeñas, se encontró con Massimiliano Casu (a quién había conocido años antes en un taller de soundsystems) de Grupal Crew Collective y terminó uniéndose a ellos. Por lo demás, Rubén desearía que los días tuvieran más de 24 horas para, sin agobios, continuar investigando, escribiendo, grabando, mezclando, enseñando y platicando sobre las cosas que más le fascinan, las cuales normalmente se encuentran en la cuerda floja que existe entre la “alta cultura” y la cultura popular.

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11350732_10153100713234272_6497562048988157172_nMassimiliano Casu ha estudiado arquitectura y comunicación y ha trabajado en comunicación y arquitectura para luego darse cuenta de que le interesan casi sólo los procesos de creación colectiva. Básicamente investiga y experimenta en torno a otras maneras para producir socialmente el espacio urbano y para producir urbanamente el espacio social, preferiblemente usando el arte y la cultura, sobre todo la música y el sonido como herramientas fundamentales. Desarrolla proyectos de creación y acción colectiva como artista, comisario, investigador y docente. Desde 2013 forma parte de Grupal Crew Collective y aprovecha de ese espacio para intentar cambiar el mundo a paso de baile.